La tierra de las 370.000 armas

NOTICIAS  Prensa 15-08-13

 

 

Tierra de fuego, de pólvora y también de armas. La Comunitat Valenciana tiene a casi 200.000 personas con licencia para poseer armamento. Juntas alcanzan las 370.000 escopetas, pistolas y rifles.

 

Paco Cerdà A Noelia García, de 27 años, no hay que explicarle cómo se coge un arma. Su abuelo le inculcó la 370000 armascostumbre, la pasión por el frío metal que acaricia a un tiempo con suavidad, decisión y arrojo. En su casa guarda una pistola y un arma larga. Está en posesión de la licencia de tipo F, la que autoriza a tener armas de fuego de concurso para utilizarlas en campos, galerías y polígonos de tiro. A ella le gusta el tiro olímpico, aunque no lo practique más de tres veces al año. Lo que también adora es poseer el arma, tenerla cerca. «Te da seguridad; saber que está el arma en casa te hace estar más tranquila», confía.

Aunque su caso sea peculiar por ser mujer en un mundo dominado por los hombres, el hecho de tener un arma es más frecuente de lo esperado. Según los datos actualizados de la Guardia Civil a los que ha tenido acceso Levante-EMV, en la Comunitat Valenciana hay 348.096 armas legales de las licencias más comunes: la D, que abarca los rifles y otras armas rayadas para caza mayor como los cañones estriados adaptables a escopetas y con recámara para cartuchos metálicos; la E, que comprende las escopetas de caza y las armas de tiro deportivo para caza menor de percusión anular, de un disparo, de repetición o semiautomáticas; y la F, que autoriza a tener y manejar armas de tiro deportivo y permite tener pistola en casa y sacarla a la calle (dentro de un maletín de seguridad) en los días de competición.

En números redondos, hay 313.000 escopetas, 19.000 rifles y 16.000 pistolas de tiro durmiendo en las casas de toda la Comunitat Valenciana. Además, y según los registros de estos años, todavía existen entre 20.000 y 25.000 armas de las otras seis categorías: seguridad privada, cuerpos y fuerzas de seguridad, personas autorizadas a contar con autodefensa o coleccionistas de armas antiguas. En total, la cifra de armas en la Comunitat Valenciana supera las 370.000. Conclusión: hay un arma por cada catorce valencianos.

Todas ellas deben dormir en armeros, cajas fuerte o armarios reglamentarios de seguridad. Y conseguirlas es dificultoso según la exigencia con que se mire. Para tener escopeta de caza hay que superar un certificado de aptitudes psicofísicas y aprobar dos exámenes de capacitación: uno teórico, relativo al conocimiento de las armas y su reglamento, y otro práctico, que constata la habilidad para el manejo y la utilización de las armas. Una pregunta del examen tipo test puede ser la siguiente: «¿Qué misión tiene el muelle del cargador de un rifle? A) Mantener presión en los cartuchos; B) Expulsar la vaina cuando se produce el disparo; C) Elevar el cartucho y colocarlo frente a la recámara». La última respuesta es la correcta. Además de superar la doble prueba, el aspirante debe presentar limpio el certificado de antecedentes penales y el de violencia de género, así como tener la licencia para el deporte de la caza.

 

Tiro: el modo de tener arma corta
En el caso del arma corta, la más impresionante y asociada siempre a los profesionales de la seguridad pública o privada, es posible contar con una de ellas si se aduce que sirve para practicar el tiro olímpico. Para ello —aparte de los exámenes, el certificado psicofísico y la ausencia de antecedentes— hay que estar inscrito en la Federación de Tiro Olímpico y también acreditar que se concursa cada año en pruebas deportivas. Si no, se pierde la licencia y el arma. Es una forma de evitar que se pervierta el único uso legítimo del arma corta para el común de los mortales: el uso deportivo.

Hay otro aspecto desconocido en el mundo de las armas, de mayor tradición en las zonas rurales que en las urbanas. Es el uso de armas por parte de los menores. En la actualidad, hay menores que pueden utilizar armas, aunque no poseerlas. Son 775 adolescentes valencianos de entre 14 y 17 años con la llamada licencia M, que les permite disparar armas en cacerías o competiciones deportivas en las que estén acompañados de un adulto con la licencia D, E o F. Sin embargo, muchos más menores las utilizan por el monte sin permiso alguno.

Todos compran la munición en las armerías —en Valencia capital hay una decena de establecimientos— o en las grandes superficies que suministran material deportivo. Una caja de 25 cartuchos sale por entre cuatro y cinco euros —a menos de 20 céntimos el cartucho— y las balas metálicas se venden a uno o dos euros la unidad. Es el alimento de las armas, unas máquinas que apenas se ven y cuyos disparos siempre se oyen a lo lejos en campo abierto. Pero que están ahí.

 

“Cada vez está más reglado el proceso”
El presidente de la Federación de Caza de la Comunitat Valenciana, Juan Quiles, destaca que «cada vez está más reglado el proceso para obtener la licencia de una escopeta para la caza» y las revisiones de la licencia cada cinco años o cada dos en caso de superar los 65 años. Quiles entiende los prejuicios de la sociedad, «que especialmente se manifiestan cuando hay una matanza con armas y se monta el escándalo», pero intenta trasladar una reflexión: «Lo cierto es que, cuando uno quiere matar, lo puede hacer con un cuchillo o con un coche. Las armas las tenemos para hacer deporte de caza o de tiro. El mal concepto que existe de la gente que tiene armas no es real. Pasa como con el coche: hay gente que comete mil infracciones salvajes al volante, pero sólo la ha de pagar el que la hace».

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