PERSECUCIONES Primera Parte

ARTICULOS  I.T.E.POL.

 

No voy aquí a referirme a tácticas a utilizar con los vehículos patrulla que será objeto de futuros artículos, sino que me gustaría con el presente inducir a reflexionar en qué pueden convertirse muchas de las persecuciones que realizamos en nuestros vehículos-patrulla. ¿Os lo resumo en una frase? En una trampa mortal en la que podemos caer fácilmente sin necesidad de que nos ayuden demasiado.

accidente  patrulla

Todos conocemos casos en los que compañeros nuestros, de nuestra propia plantilla o de otras, se han visto implicados en accidentes de tráfico estando de servicio, con resultados leves, graves e incluso mortales. En algunos de ellos han resultado igualmente muertos o heridos otros inocentes, frecuentemente como resultado de persecuciones a gran velocidad. Y cuando el humo se disipa, en algún momento todos nos hemos preguntado: ¿ha valido la pena?.

 

En realidad, si consideráramos las persecuciones como consideramos el uso de la fuerza en el resto de nuestras intervenciones, en orden a aplicar única y estrictamente la necesaria al caso, seguramente tomaríamos las decisiones correctas. Se trata en todo caso de poner en un plato de la balanza, el riesgo que para los demás puede suponer que el sujeto que perseguimos finalmente se escape, y en el otro, los riesgos que implica su persecución.

 

Demasiado a menudo los policías nos vemos con la sangre caliente y la adrenalina a tope, y es entonces cuando corremos el riesgo de tomar decisiones inseguras o peligrosas. Todos estamos tan empecinados pensando en detener a quien perseguimos y demostrar lo buenos policías que somos, que a menudo olvidamos nuestra propia seguridad y asimismo, la de los demás, incluyendo la del propio perseguido. Si pudiéramos concentrarnos en cada momento en lo que es SEGURO, generalmente y salvo raras excepciones de las que ningún ejemplo me viene a la mente, no creo equivocarme cuando digo que haríamos lo CORRECTO.

 

Lo dicho no equivale a decir, en modo alguno, que no debemos iniciar ninguna persecución, sino que de una forma completamente casuística, deberíamos sopesar los pros y los contras, tanto de su inicio, como una vez inmersos en la misma, de su continuación.

 

Una persecución puede iniciarse por muchos motivos: una infracción de tráfico en la que el conductor, ante las señales de alto ha hecho caso omiso y se resiste a detenerse; un vehículo sospechoso que se nos da a la fuga sin que sepamos en ese momento el por qué de su huida; la de uno o más delincuentes reconocidos tras la comisión de un hecho delictivo; etc. Pero sea por el motivo que sea, que hayamos comenzado la persecución no implica que debamos mantenernos en unos rígidos patrones de conducta que no nos permita interrumpirla cuando veamos que los márgenes de seguridad, en general, se están reduciendo y que el riesgo de resultados lesivos está haciéndose más que patente.

 

Muchos confunden la conducción policial con la conducción agresiva, que cualquiera, a grosso modo, puede hacer en un momento determinado sin tener ni idea de lo que está haciendo, de forma temeraria, y bastantes ejemplos tenemos de ello en el sin fin de accidentes estúpidos provocados por jóvenes “agresivos” de fin de semana, muchos de ellos cuando apenas se han sacado el permiso de conducir. La conducción policial puede y, en ocasiones, debe ser agresiva, pero siempre debe estar basada en el conocimiento del vehículo y de las tácticas al volante, nunca en la temeridad.

 

Persecucion

La conducción policial como materia a aprender, es de esas “raras avis” que en pocas o en ninguna ocasión se trata a lo largo de nuestra carrera, a sabiendas de la complejidad de su organización para los responsables policiales (circuitos de seguridad, vehículos preparados, personal docente, seguros de accidente…), excepción hecha de aquellos contados casos en los que, disponiendo de centros de formación para la conducción a una distancia razonable, procuran a sus policías, cuando menos, una enseñanza básica de las peculiaridades de esta faceta del trabajo policial. Igualmente, debemos salvar a aquellos compañeros que, a título personal, y previo “alivio” de sus bolsillos, asisten a cursos en la materia impartidos por reconocidos profesionales en estos centros especializados privados (por ejemplo, el de Salvador Canyellas en Can Padró).

 

La única instrucción con la que generalmente contamos en cuanto a conducción de vehículos se refiere, es la que cada uno de nosotros aprendimos en su momento en la autoescuela y la adquirida merced a nuestra experiencia al volante de nuestro vehículo particular, lo cual difiere enormemente de conducir agresivamente y sometido a condiciones de estrés. Evidentemente, también cuenta nuestra experiencia conduciendo vehículos policiales y desarrollando persecuciones con ellos, pero…CUIDADO. Dicen que la práctica hace maestros, pero eso no es completamente cierto. Sólo la práctica correcta hace maestros, ya que si nos tiramos veinte años haciendo algo mal, en lo único que seremos maestros será en hacer eso que hacemos, pero…MAL HECHO. Por lo tanto, debemos hacer hincapié en el pensamiento de Louis Awerbuck, entrenador de táctica y tiro policial estadounidense, aplicable perfectamente al caso: “El genio tiene límites, la estupidez no. Si no puedes controlar tu entorno dependes fundamentalmente de la suerte y tarde o temprano, todo el que juega se queda sin ella”.

 

Muchos de nosotros hemos continuado una persecución aun cuando las cosas se ponían feas, simplemente atendiendo a criterios egoístas, basados en nuestro orgullo y en nuestra habilidad al volante y por lo tanto nuestras decisiones fueron tomadas de forma más emocional que lógica. Evidentemente, esto, en la mayor parte de los casos, se hace a estratos muy subconscientes y en esos momentos de extrema excitación es relativamente frecuente que no seamos capaces de “frenar al caballo que llevamos dentro y tirar de las riendas”.

 

Pero vamos al meollo de la cuestión. ¿Podremos justificar la persecución? (o en términos más simples, ¿tenemos razones para terminarla ahora mismo voluntariamente?). Debemos estar en condiciones de explicar la decisión tomada como lo haríamos si tuviéramos que testificar en el Juzgado, cosa que muy seguramente nos veremos obligados a hacer tarde o temprano, si al finalizar la persecución seguimos con vida.

 

Debemos tener siempre presente que las persecuciones son inherentemente peligrosas y NO DIVERTIDAS, como parece desprenderse de la abundante y tristemente influyente filmografía hollywoodiense, que raras veces muestra al agente de Policía enfrentándose a un procedimiento penal y civil (y menos aún al expediente sancionador administrativo que necesariamente se va a desencadenar, el cual frecuentemente, puede resultar más gravoso para el agente que las vías anteriores, sin perjuicio de que, pudiendo suponer una de las excepciones del principio “non bis in idem”, éste puede enfrentarse tanto a la sanción penal como a la administrativa, de forma acumulada).

 

Germán Esteban Villanueva Caballero

Oficial de la Policía Local de Castellón

COMPARTE ESTE POST EN