PERSECUCIONES Segunda Parte

ARTICULOS  I.T.E.POL.

 

Entremos en un salón de actos lleno de policías veteranos, con años de servicio y preguntémosles que opinarían de un sujeto conduciendo a 90 o 100 Km/h por una zona urbana, pasándose los semáforos en rojo, haciendo caso omiso a las señales de Stop y de Ceda el paso, sin tener en cuenta que hay niños jugando en la calle, circulando en contra dirección y por el carril contrario. Es fácil suponer que la mayoría se referirían a éste como un criminal, negligente, temerario y peligroso hijo de…. Pero si acto seguido les preguntáramos a los mismos policías porque no usan esos mismos términos para describir las acciones de los dos o tres o siete coches de policía que van pegados detrás haciendo EXACTAMENTE LO MISMO, posiblemente la mayoría se quedaría sin saber muy bien qué responder, y unos pocos no podrían responder más que…”es nuestro trabajo”.

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Como sucede habitualmente, los coches de policía irían, en un caso similar, a 1 o 2 segundos por detrás, aproximadamente, del vehículo perseguido, generalmente fijándose en su parte trasera, con lo que, para sus ocupantes pueden pasar desapercibidos peligros potenciales y no tener suficiente tiempo de reaccionar adecuadamente y efectuar una maniobra evasiva (por ejemplo, si el sujeto se estrellara; si algún peatón invadiera la calzada o si algún vehículo con preferencia de paso invadiera el cruce). Por supuesto, nosotros oímos la sirena desde dentro del coche patrulla, pero los demás no siempre pueden oírlas o saber de qué dirección vienen.

 

Por lo tanto, el sentido común, mejor que el celo profesional, debiera ser quien dictara el inicio o no y la continuación o no de una persecución. “Qué arriesgo contra qué gano”. Dejarse llevar por una reacción más emocional que lógica, nos llevará a ser más susceptibles de sufrir los efectos del estrés, los cuales afectaran negativamente nuestra visión, nuestras habilidades motoras y hasta nuestro proceso cognitivo. Tomar más racionalmente las decisiones cuando nos vemos envueltos en intervenciones estresantes, como puedan ser las persecuciones reducirá el riesgo y aumentará las probabilidades de detener con éxito al delincuente, aunque sea fruto de la investigación de otros policías. No podemos pretender detener nosotros a todos los delincuentes, en todo caso y a cualquier precio. Siempre recordaré el monólogo de George C. Scott en una película llamada “Los Nuevos Centuriones”, en el que dice más o menos: “Los policías somos como los basureros. Salimos todos los días a la calle y recogemos la m…. Si un día no saliéramos…la m….. se nos comería“. Pero no podemos pretender acabar con toda la basura, sino sólo mantener unos niveles aceptables de suciedad para el ciudadano”.

 

Si nos preguntamos qué ofensa es peor que arriesgar innecesariamente nuestra vida, la de nuestro compañero y la de otros para coger al que huye no podremos pensar ni una sola.

 

Nuestra evaluación de las circunstancias debe ser constante, pero a la hora de tomar una decisión, de entre los factores a considerar, el número 1 debe ser la SEGURIDAD. Después de todo, los Tribunales mirarán lo razonable de nuestras acciones, basadas en lo que sabíamos y podíamos hacer en ese momento. Sólo de esa forma podemos dar soporte a nuestra defensa en orden a la justificación de nuestras acciones u omisiones. Nada hay más razonable y que por lo tanto nos amparará, que haber buscado, por encima de todo, la seguridad de propios y extraños.

 

Hay dos clases de riesgos inherentes a las persecuciones: la persecución en sí misma (con todas las situaciones de peligro que pueden generarse debido a que el sujeto tratará de zafarse de la presencia de la policía para evitar ser detenido) y el peligro público o peligro que se genera para cualquiera si el individuo finalmente huye (como sería el caso de terroristas perfectamente identificados). No podremos justificar de igual forma un accidente provocado por un terrorista o cualquier otro delincuente peligroso y armado en fuga, que el provocado por un mero infractor de las normas de circulación, que no quiere ser sancionado. En uno y otro caso, nuestro celo por conseguir ser nosotros quienes consigamos llevar la actuación hasta el final no encontrará igual justificación en caso de resultados lesivos. Una persecución motivada por una infracción de tráfico que finalice en accidente, en el momento de ser enjuiciada se tornará en lo que era inicialmente la ofensa producida al ordenamiento jurídico, y será lo que se examine en primer lugar, o sea, UNA MERA INFRACCIÓN DE TRÁFICO.

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La decisión a tomar no será fácil cuando la adrenalina está subiendo y queremos coger al infractor o al delincuente, pero ante esto, Steve Ashley, Instructor retirado de Michigan y experto en el entrenamiento en conducción policial dice: “Si supieras que tu mujer o marido, tus niños, tus padres, tu novia o novio, o tu mejor amigo estuvieran conduciendo por la misma calle en sentido contrario al nuestro, ¿continuarías la persecución? Si el delito es tan serio que pondrías en peligro a alguien a quien quieres para detenerlo, entonces está justificado continuar la persecución, de lo contrario, no lo está”.

 

– Una retirada a tiempo es una victoria – (“Batallita”)

 

En febrero del pasado año detectamos circulando y perseguimos a un conocido delincuente que se dedicaba a robar, día tras día, turismos Opel Kadett en Castellón y provincia. La persecución se desarrolló inicialmente en zona despoblada, fuera del casco urbano y en carretera secundaria con escaso tránsito de vehículos, radiando continuamente nuestra posición con la intención de conseguir interceptarlo mediante “cierre” en algún punto de paso previsto. Pero en un momento determinado, el sujeto tomó la Carretera Nacional 340 en dirección Valencia, adelantando camiones con línea continua y sin ninguna visibilidad. Fue precisamente en ese momento, en el que vimos que el nivel de riesgo escalaba súbita y exageradamente, que decidimos interrumpir la persecución para intentar otros métodos encaminados al mismo fin, con menor riesgo. Se dispuso una vigilancia por la zona en donde solían aparecer los vehículos robados, encontrándose el turismo en cuestión a los 50 minutos estacionado en un arcén. Asimismo se dispuso una continua vigilancia en los alrededores de donde pernoctaba este personaje, siendo localizado y detenido a las 3 horas.

 

Recordemos siempre que nosotros tenemos una perspectiva del incidente y sabemos como se ha ido desarrollando, visión que el ciudadano no suele tener, por lo que su apreciación de lo que nosotros hagamos no será la misma. Por lo tanto hay que tener en cuenta esta perspectiva “ajena” a los hechos, que posiblemente sea la que más fácilmente adopte el Juez, en su caso, y que es la que nos va a facilitar tomar las decisiones más oportunas en cada caso.

 

Una herramienta docente muy útil y generalmente obviada es el “debriefing” o reunión posterior a la intervención para ver qué ha ido bien y qué ha ido mal, y en todo caso, qué podría mejorarse para la próxima ocasión. Debemos aprender de nuestros errores, pero también de lo que hacemos bien.

 

Está bien que confiemos en nuestra habilidad para conducir a alta velocidad (y por ende, para frenar), pero seamos conscientes de nuestras limitaciones y pensemos también en las habilidades y limitaciones del que está huyendo. Mejor no tener que descubrirlo mientras se está produciendo un accidente.

 

Como rezaban aquellos avisos del Ministerio de Trabajo de hace tantos años: “Trabaje, pero SEGURO”.

 

Germán Esteban Villanueva Caballero

Oficial de la Policía Local de Castellón

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